Un giro a la letra de la canción "Damien", de Iced Earth...
No, no reside en mí la bestia. Sólo soy un niño engendrado por un poder superior para mostraros cuan cruel es vuestra naturaleza, cuan de piedra es vuestro corazón. Guerras, pestilencias, sacrificios a vuestro dios no más crueles que los tormentos de un infierno al que os atrevéis a insultar, del que os atrevéis a inventar historias de horror por miedo a que vuestros beatos y confiados siervos dejen de ser vuestros esclavos y lacayos, mientras vosotros demostráis fervor y fe por ese pecado que tanto cacareáis como indigno para vuestros inferiores, para aquellos a quien habéis reservado la ignorancia.
¿Y pretendéis en serio que yo crea que en mi existe el mal? Mi padre biológico no me ha educado; vosotros habéis sido. Dejando en manos de doncellas y criadas vuestros deberes como padres mientras acudíais al templo, temerosos de ese Dios que tan pronto cambia misericordia por castigo. No os extrañe que no haya sentido el cariño que me habéis negado mientras se lo dabais a un niño que nació en un portal entre una mula y un buey.
No, no os escudéis tras cuentos de viejas escupidos por la apestosa boca de un sacerdote con la cabeza llena de fe ciega. El seis es un número como otro cualquiera, y tres seises son la prueba de que el burro tropieza no dos, sino tres veces con la misma piedra. De que el burro no piensa mientras en sus alforjas haya buena hierba que comer en el establo donde breva hasta que muera de viejo o al amo no sirva. Nadie agradece nada al despojo. Polvo eres y en polvo te convertirás.
¿Y yo soy el miserable que una profecía señala como Príncipe de la oscuridad? No os engañéis, la oscuridad ya está ante vosotros. Siempre lo ha estado. Este niño os abandona. Os dejo total libertad para insultarme, para menospreciarme, para encarnar en mi todo mal.
De todas formas yo me iré y no podréis evitar que los judíos regresen a Sión, que un cometa surque el cielo, que vuelva el Sacro Imperio Romano bajo el brazo de un ejército de hermanos que mate hermanos, liderado por los Jinetes del Apocalipsis que vuestro Dios os ha enviado. ¡Vuestro Dios!
Gracias por enviarme al infierno de mi padre y no obligarme a permanecer en el vuestro. Gracias por nada, pero gracias por todo lo que he podido aprender gracias a vosotros, aunque no haya sido nada bueno. Desde el infierno de mi padre os doy misericordia.