Créeme que sin beber, y con cuerpo y cabeza encerrados entre
cuatro paredes, en ocasiones la pared que más barata has podido comprar, el
tiempo no pasa; el reloj ha muerto. No tienes más compañero que esa cerveza
barata de supermercado, pues en los tiempos que corren en los que la seguridad
está por encima de la libertad, el placer y compañía del alcohol es el único y
más fiel compañero que podrás encontrar, y su lealtad dura lo que dura el
recuerdo del último beso de un antiguo amante, tan enlatado e insulso como lo que
estás bebiendo.
